Escribir, ¿para qué?

Quién soy y por qué hago lo que hago: una introducción.

Cuenta mi vieja que cuando era chiquita aprendí a leer solita y que la señorita Mina, de salita de cuatro, la llamó sorprendidísima porque le había leído la estampa de la cartuchera.

Cuentan mis viejos que siempre escribía, y que un fin de semana estaba tomando apuntes de un documental de dinosaurios que me gustaba mucho. Tenía cinco años.

Cuentan todos mis docentes que siempre que me daban la opción o la consigna de escribir lo hacía largo y tendido, con mucha dedicación. Puedo corroborar este punto porque hace poco encontré mis carpetas de la primaria y todas las consignas de escritura estaban súper completas. Las disfrutaba. Las hacía mías.

Me acuerdo que mi profesora de Literatura del último año quería que estudiara Filo y Letras porque amaba la escritura y los libros, y que seguro iba a tener futuro con eso. (Espero no haberla decepcionado al elegir Comunicación, grande Ale).

Sí, elegí Comunicación, ¿qué puedo decirles? Era una petite mademoiselle que amaba leer y escribir pero en la mezcolanza había una fuerte convicción política y un talento nato para decir cosas incómodas de forma ácida. Bingo, la petite mademoiselle a la Facultad de Sociales de la UBA a estudiar Comu.

Y sí, me fastidia cuando me dicen que no tengo futuro, que no hay trabajo como periodista porque los medios se están muriendo. Que es una licenciatura para manejar redes sociales como un Community Manager sobrecalificado. Que no entienden para qué leo a Adorno y Horkheimer si después termino escribiendo contenidos para una web de ropa íntima. Que por-qué-no-usaste-esa-cabeza-para-estudiar-una-carrera-de-verdad y la mar en coche.

Me fastidia cuando me preguntan para qué estudio y escribo. Como si fuese fútil. Como si malgastase mi tiempo y mi talento (si lo tengo, eso está por verse). Como si no tuviese sentido.

Escribir, ¿para qué?

¿Cuál es el propósito de escribir y llenar páginas y páginas cuando se supone que la gente ya no lee?

No puedo hablar por todos. Hablo por mí, que me conozco. O eso creo.

Escribo cuando las palabras se me agolpan en la garganta y no las puedo decir. Cuando mis emociones no las puedo bailar porque son muy complejas (sí, también bailo, soy así de intensa). Cuando la realidad es injusta y las masas callan.

Escribo porque a veces no hay otra forma de dejar salir lo que me pasa. Escribo porque espero que algún día algo de lo que escriba le haga bien a alguien. Escribo porque quizás algo de lo que tengo que decir sea el click que le cambie las cosas a alguien.

Escribo porque se me da la real gana y porque también da la casualidad que lo hago medianamente bien.

Escribo porque hay muchos silencios incómodos que llenar, muchas verdades políticamente incorrectas que decir y muchas personas que te quieren callar. Escribo porque a esta altura del partido no quiero que nadie más me calle y las censuras ya no las tolero.

Escribo porque no quiero darle mi voz a nadie: es mía y vine a este mundo para usarla. Y les guste o no, voy a usarla hasta quedarme ronca.

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