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pochoclocosmico en Pochoclo Cósmico 04 de Enero de 2018

No, no son lo mismo

El horror mediático ante el caso Galarza-Pastorizzo y un par de cosas que habría que aclarar un poco.


Ella, 19 años, él, 21, y un caso que ha demostrado que nos falta aprender bastante más de lo que pensábamos. El asesinato de Fernando Pastorizzo en las cercanías de la Nochevieja, supuestamente a manos de su pareja actual o pasada, nos deja más de una duda y un par de debates ásperos.

¿Disparó ella? ¿Era una relación violenta y, si lo era, en qué sentido? ¿Quién ejercía la violencia? ¿Intentó desvincular y/o proteger a alguien con sus declaraciones? ¿Qué fue lo que pasó? ¿Hay un registro de parte de ella de lo sucedido?

Más allá del hecho, que de por sí pinta bastante oscuro el panorama, hay una cobertura mediática que convierte lo que pasó en materia prima de especulaciones, informes, opiniones y chicanas disfrazadas de dato, cosa que no podemos dejar de señalar si apuntamos a una interpretación crítica de todo el asunto. Interpretación crítica que no todxs buscan, pero que este espacio sí pretende y por lo tanto intentaré desglosar.

En primer lugar, la excepcionalidad de la muerte de un varón a manos de su pareja por comparación con su contrario, que nos acostumbra a que cada 29 horas deje de existir una mujer a manos de un hombre por su condición femenina, da al hecho un regusto de noticia de tapa que ya prepara el terreno y le da una ventaja frente a cualquier caso de femicidio. El sistema mediático busca constante y enfermizamente la novedad…a cualquier costo.

En segundo lugar, la saña revanchista con la cual esta novedad es tomada como una verdad incuestionable para demostrar que la violencia de género “va para ambos lados”, como si quisieran desmentirle al movimiento feminista que la cifra es muchísimo mayor de un lado que del otro, es siniestra. Parece como si cualquier cosa les viniese bien a ciertos sectores para intentar desbarrancar un movimiento que les asusta porque pugna por la eliminación de ciertos privilegios suyos.

Pero a ver si nos entendemos: de la misma forma que el “racismo al revés” no existe, la “violencia de género al revés” tampoco. Como señaló Mariana Carabajal en su brillante nota de Página/12, si bien hay mujeres violentas y hombres que sufren esa violencia, eso no las hace equivalentes. No toda violencia es sistémica ni está orientada hacia minorías históricamente oprimidas del conjunto de la sociedad.  Los hombres cishetero no han sido nunca una porción perseguida ni subalterna dentro de la población, no fueron quemados en la hoguera por brujería ni privados de la posibilidad de participar en ámbitos de decisión social importante. Aún hoy, la cacería de brujas cae por el lado machista: los varones que sufren violencia no la sufren por el hecho de ser varones.

Pero además, y para señalar en tercer lugar, el patriarcado es una enredadera tóxica para todxs nosotrxs. Si un varón cishetero sufre violencia, aunque no pueda calificar de violencia de género, se ve menos inclinado a denunciarla porque la indicación patriarcal es que el macho no llora ni se deja golpear (o en todo caso devuelve el golpe).

Y lo más importante es que una cosa no quita la otra: la muerte de Fernando no quita el dato de que hay un femicidio cada 29 horas en nuestro país, ni convierte a la cifra en equivalente. El desequilibrio de la cobertura mediática nos hace olvidar que, por más que se ponga en primer plano al árbol, detrás hay un bosque.

Y todxs sabemos, en el fondo, que árbol y bosque no son lo mismo.

#feminismo
#Opinión
#Reflexión

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