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pochoclocosmico en Pochoclo Cósmico 01 de Octubre de 2017

Los Lápices escriben arte político

Un musical con memoria irrumpió en la escena independiente del ambiente porteño.


Allá por 1936, un filósofo que me gusta mucho, Walter Benjamin, afirmaba que ante el esteticismo de la política había que contestar con la politización del arte. Hoy, cuando no estamos lejos de que ese texto cumpla un siglo, la propuesta está más vigente que nunca. En una sociedad como la nuestra, que genera sobreabundancia de información banal pero calla lo conflictivo, el arte político cobra urgencia y necesidad para terminar de comprender que en el campo cultural también se establecen luchas.

“Lápices, un musical con memoria” se inscribe en esta posibilidad que Benjamin plantea y que necesitamos tanto. La obra nos sitúa en 1976, en medio del punto de quiebre económico, político y social que sufría nuestro país y, sobre hechos ampliamente conocidos, genera una nueva narrativa. Con libro y dirección de Sol Cardozo y Paula Grosse, la versión musical de la historia aporta nuevos elementos para una reflexión con otro punto de vista.

Históricamente respetuoso de los hechos históricos y del testimonio de Pablo Díaz, a quien se recurrió para escribir el guión, el relato reconstruye lo sucedido sin variaciones significativas en el curso de los acontecimientos.

Con un trabajo vocal y actoral sumamente destacable, lxs intérpretes logran construir realmente a lxs personajes en escena. Creo que una de las cosas que hacen que la obra funcione es que la violencia está retratada en su punto justo, porque no se puede relatar esta historia sin mostrar escenas de torturas y violencias varias, pero no aparece sola sino en un contrapunto. Conocemos a lxs personajes por lo que son y se logra, por momentos, recordar que lxs protagonistas son adolescentes, que también son alegres, que se ríen, que tocan la guitarra y hacen asaltos. Que su compromiso social y su protesta no borran las marcas de la edad, más aún: remarcan la tensión su adolescencia innegable y la violencia de la que fueron víctimas.

Y más importante todavía. El temor que me plantearon muchxs posibles espectadores tiene que ver con el miedo ante la representación de la violencia que sus propios perpetradores, en su momento, nunca representaron. ¿Cómo contar la violencia que, en ese momento, no tenía nombre? ¿Cómo hablar de lo innombrable, ponerle significante al terror?

En este punto reside realmente uno de los pilares del funcionamiento de Lápices. La obra incorpora elementos simbólicos nuevos a un tema difícil de simbolizar, sin caer en el morbo o la crudeza que domina los relatos sobre la dictadura, sean éstos escénicos o no. Lo que pasa arriba del escenario nos remonta a la época en su contradictoria complejidad y no anula las dimensiones humanas de quienes se transforman en víctimas. El amor adolescente, el humor, la inocencia, la lucha estudiantil se entrecruzan con las decisiones gubernamentales de un Estado terrorista y violento en una trama que reproduce, de manera artística pero con bastante fidelidad, la coyuntura de 1976.

Los momentos coreográficos son muy correctos y no invaden la acción dramática sino que logran acompañarla como otra capa narrativa. Ante la dificultad de poner un significante físico y coreográfico a un tema conflictivo, que a veces anula la corporalidad, se llega a la solución pensando en elementos del movimiento que respondan al objetivo de cada momento escénico, más que a objetivos estéticos puros. De la misma manera que sucede con los momentos vocales, lo musical y coreográfico no se convierte en un despliegue de virtuosismo de lxs intérpretes porque sí, sino en la forma específica de narrar que se propone. Y déjenme decirles que funciona muy bien.

Si bien realmente todo el elenco lleva su papel de manera impecable, no puedo dejar de destacar a Camila Giudice en su intensa interpretación de Claudia. No quiero detenerme en su potente voz porque es lo obvio, sino decir algo que me pasó y me puso la piel de gallina al verla: era ver a una luchadora social en toda regla, peleando por cambiar el mundo. No vimos una actriz: vimos una militante.

La escenografía y el vestuario son otro punto fuerte que hace al funcionamiento del conjunto de la obra, ambos diseñados y realizados por Wilfredo Parra. El diseño escenográfico genera los cambios de escenario con fluidez y mantiene la ambientación en un estilo bastante minimalista. El vestuario, por otro lado, logra la caracterización de lxs personajes de manera adecuada para la época y para la edad.

Lxs músicxs en vivo agregan un plus que siempre se agradece dentro del género y que le da otra vivacidad a lo representado. El repertorio elegido es un paseo dentro del rock nacional de la época y su conexión profunda con la realidad político-social del momento. Otra vez: el arte político, la cultura como campo de lucha.

Y es arte político no solo porque vuelve a darle luz a un episodio traumático y no elaborado de nuestra historia nacional. Al final de la función, el elenco completo hizo mención al caso de Santiago Maldonado y pidió por su aparición. Arte político que narra el pasado, pero toma acción concreta por el presente. Un gesto de compromiso que terminó de afirmar la intención de mantener la memoria que plantea la propuesta.

En suma, y más allá de que recomiendo fuertemente que vayan a verla, Lápices es una producción independiente que pisa fuerte en la escena actual del teatro musical. Sobre la base de una temática compleja, la obra articula una narrativa coherente que funciona muy bien y provoca que lxs espectadores se sumerjan en la historia y reflexionen sobre ella, pero también (y esto me parece mucho más importante) que se vinculen emocionalmente con uno de los episodios más oscuros de nuestra historia nacional.

En un momento de preocupante silencio tras la infoxicación mediática, en un momento de silencio incómodo ante el conflicto en la sociedad, este elenco logra que los lápices sigan escribiendo. Y el mensaje que escriben vale la pena ser escuchado.


Ficha técnica:

Domingos 1 y 8 de octubre, 20 hs., Sala Caras y Caretas (Sarmiento 2037, CABA).

Duración: 95 minutos

Fotografía: Ailén Ciordia

Realización Audiovisual: Glenfada Films

Diseño Gráfico: Wilfredo Parra

Diseño y Realización de vestuario: Wilfredo Parra

Diseño y Realización de Escenografía: Wilfredo Parra

Dirección Vocal: Ariel Madrides

Coach Actoral: Micaela Narodowski

Producción Ejecutiva: Luciana Cuenca

Libro, Dirección y Coreografía: María Sol Cardozo y Paula Grosse

 

Actúan

Camila Giudice, Ignacio Bernardez, Anibal Ortega, Carolina Gestoso, Antonio Franze, Bianca Gereinstein, Julián Mercado, Octavio Cristaldo, Sofia Forte, Claudia Racconto, Antonella Valese, Franco Veneziano, Santiago Banegas, Julián Gianetti, Julio Kandel, Bruno Olivieri, Ramiro Iglesias, Carolina Silva Martin, Ana Laura Virgo, Camila Rosenfeld, Sergio Martinez, y Tamara Zezulie.

Músicos

Martin Kanashiro, Felipe Arenas, Lucio Nicolás Hortas, Leandro Nahuel Santángelo

Lxs invito a ver más en https://www.facebook.com/lapiceselmusical/

Lápices
Teatro musical
Arte político

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