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Las zapatillas huyendo de las botas

Y vos, ¿viviste una represión? Yo sí. Crónica del miedo en primera persona.

En el momento en que la valla se cayó pensé que no la contábamos. Ningunx de nosotrxs. Corridas, gas lacrimógeno, el olor acre de la pólvora mezclado con el agua del camión hidrante y los gritos destemplados. Las zapatillas huyendo de las botas.

Lo que era una marcha triste se convirtió en una batalla angustiosa en la que no sabíamos qué iba a pasar. ¿Y si nos llevaban a todxs? ¿Y si se armaba una avalancha humana? ¿Y si nos encerraban y no podíamos salir? ¿Y si no había mañana para nadie?

No estoy en posición de pedirles nada, sólo que me lean y tengan en cuenta que están leyendo el relato de alguien que lo vio todo con ojos de periodista, de mujer, de joven, de persona que marchó. Ojos que no responden a ningún partido ni medio, sólo a mis convicciones. No compren relatos, por favor: por una vez, traten de contrastar fuentes y armar una posición crítica. Lo único que nos queda contra las operatejas mediáticas son nuestras capacidades críticas. Usémoslas.

La gente se estaba desconcentrando mientras un grupo se quedaba en la plaza bailando, comiendo hamburguesas, charlando. Yo marché con mi novio, Sergio, y nos acercamos a la valla buscando nuevas imágenes para mostrar cómo había sido la marcha realmente, charlando con la gente, todo tranquilo.

Entonces los vimos.

Policías, gendarmes, micros, y el camión hidrante. Expectantes tras la valla como contando los minutos para atacar, en un grupo compacto a ambos lados de la Casa Rosada. Y no me vengan con que estaban para cuidar el edificio porque el Cabildo no lo estaba cuidando nadie y en ninguna otra marcha vi camiones hidrantes. Era otra cosa.

De nuestro lado de la valla, un grupo de jóvenes bastante angustiados y furiosos les gritaban que devolvieran a Santiago. Que dónde estaba Santiago, que lo queremos con vida. Nada que ameritase una represión hasta ese momento.

Fue escalando la tensión en el ambiente cuando una persona no identificada que estaba del lado de los policías empezó a provocar a los manifestantes. Volaron piedras y botellas, se escucharon cantos de protesta. Primeros incidentes que dejaban entrever el desastre.

Los policías se acercaban de a pasos con los escudos levantados. De un lado las miradas angustiadas y furiosas de quienes se sabían en posición de reclamar; del otro, las miradas decididas a barrer con todo manifestante que quedara ahí.

Eran las 20:50. Se cortaba el ambiente con cuchillo, se olía la adrenalina, el humo se mezclaba con el olor del miedo.

Cada músculo en tensión de cada lado…

Hasta que cayó la valla.

Cayó la valla y salieron como lobos hambrientos con sed de sangre. Salieron de cacería y supimos que si no corríamos íbamos a ser la presa.

Fue un desastre. Y lo fue no porque hayan respondido a un ataque con piedras sino porque no salieron a detener gente que estuviese tirando piedras: salieron a agarrar a cualquiera que pudieran. Si estabas solx, iban por vos, así no hubieses hecho nada. Es más: agarraron a cualquiera MENOS a quienes instigaron el ataque. Curioso, ¿no? Guardemos este detalle en la memoria porque lo retomaré más tarde.

Policías de civil mezclados entre la gente se llevaban personas detenidas sin identificarse ni tener motivo. Vi cómo, a cinco metros de mí, se llevaban entre seis a un chico que no estaba haciendo nada. Los vi golpeando a una docente de más de cincuenta años sólo por estar grabando la situación. Los vi disparando contra gente que estaba en las mesas que los bares tienen sobre la vereda. Los vi arremetiendo contra todxs desde arriba de sus motos, disparando como posesos. Los vi, no me lo contó nadie, los vi.

Entre tanta confusión (intencional) golpearon, hirieron, y se llevaron detenidxs a colegas periodistas y reporteros gráficos acreditados sin motivo alguno, por estar haciendo su trabajo. Por contar y documentar cómo sucedieron las cosas. El primero en ser herido fue el reportero gráfico Matías Panni (según pudimos escuchar), golpeado en la cabeza en Plaza de Mayo. Otro fue Dante Miguel, otro reportero gráfico que sufrió al menos tres heridas de bala de goma en el rostro y la mano mientras seguíamos el avance de los disturbios por Avenida de Mayo, y a quien asistimos mientras sangraba profusamente y nos mostraba los cartuchos de las balas. En San José y Avenida de Mayo se llevaron a Juan Pablo Mourenza y Ezequiel Hugo Medone, también colegas y acreditados, por razones que desconocemos. Al final de esta nota incluyo un link a una nota anexo con los datos concretos y más actualizados sobre los #DetenidosPorComunicar.

No sabemos por qué decidieron atacar a nuestro gremio, pero el punto es que amenazaban a cualquiera que tuviese una cámara o un grabador demasiado cerca de la acción; éste es otro detalle que me gustaría que retengan para su posterior análisis.

Era la angustia de no saber qué iba a pasar a cada momento. Si perdía de vista a Sergio un segundo pensaba que se lo habían llevado o que algo le había pasado y se me caía el alma a los pies en la desesperación de encontrarlo. Si veía a la policía enfilar para mi lado tenía que correr aún sabiéndome en pleno derecho de ejercer la profesión, porque si estaban levantando periodistas acreditados entonces qué quedaba para mí. No podía distraerme demasiado atendiendo a la gente herida porque el peligro era inminente y un microsegundo de distracción podía costarme la cámara, la libertad, o la integridad física. No podía distraerme porque bajar la guardia podía significar ser la siguiente en la lista de desaparecidos.

La marcha era tranquila, el reclamo era más que justo. ¿Por qué se desvirtuó todo?

Quiero que recuerden que lo que voy a exponer a continuación es mi análisis personal y mi hipótesis, que comparten algunxs otrxs colegas de los medios. No soy dueña de la verdad absoluta porque tal cosa no existe (así que nadie más tampoco puede hacerse con su propiedad). Sométanme a debate: nada me haría más feliz que gente pensando. Pero sométanme a debate con argumentos que tengan sentido y no con teorías conspiranoicas por favor.

La idea que no nos deja de dar vueltas es que todo lo que pasó fue una escenificación por parte de algún sector estatal y/o de las fuerzas de seguridad para tapar el impacto que la gran convocatoria y el reclamo por Santiago Maldonado iban a tener sobre la opinión pública. De la misma forma en que siempre se busca que las marchas feministas sean opacadas por los disturbios contra las iglesias, se buscó tapar el reclamo importante con una represión brutal, desmedida para el nivel del ataque que la ocasionó.

¿Por qué nos provocaban los policías cuando la valla aún estaba en pie? ¿Quiénes eran realmente los que tiraron piedras y prendieron fuego los containers a lo largo de Avenida de Mayo? ¿Por qué atacaron a lxs periodistas? ¿Cómo puede ser que podían llevarse a cualquier persona menos a los 15 que estaban haciendo disturbios?

No tengo respuesta certera a esas preguntas pero siento que la hipótesis que generamos con mis colegas y los demás testigos que vimos todo el recorrido es la que más cierra todas las preguntas que nos hicimos y todo lo que pudimos vislumbrar, y se sustenta de la siguiente manera.

Las personas que iniciaron el ataque, previa provocación de las fuerzas de seguridad, no estaban, en su mayoría, identificadxs y tenían tapada la cara. Acto seguido, sabemos que quienes instigaron, un grupo de 15 personas como mucho, también atacaron una sede de la obra social de la Gendarmería. En ninguno de ambos actos fueron atrapadxs…pese a estar frente a más de 100 policías con patrulleros, motos, y un camión hidrante a su disposición. ¿Más claro? Tenían los números y la técnica: si querían, los agarraban, y si no los agarraron es porque no quisieron.

Se llevaron detenida a gente que no instigó el ataque y, lo que constituye un abuso de poder, un grave error y de plano está mal, a gente que además no hizo ningún disturbio, en vez de frenar la avalancha. Además, el grupo que quemó containers iba llamativamente tres o cuatro cuadras por delante del cordón policial. Si tenían vehículos varios, ¿por qué no se les adelantaron para frenarlos, siendo que aplicaron esta táctica varias veces contra grupos de civiles que nada estaban haciendo?

Por otra parte, el ensañamiento con los trabajadores de prensa y con ciertas personas civiles que estaban filmando da cuenta de una restricción a la cantidad de voces que podían tener acceso al relato de los hechos, con escasas voces que pudieron seguir transmitiendo mientras sus colegas eran atacados. Yo pude seguir sacando fotos de pura suerte. Había otros que contaban con mayor protección e inmunidad… y otrxs que tuvieron menos suerte y menos contactos y resultaron heridos o detenidos.

A mí me huele raro. Un grupo enorme de policías que estaban perfectamente preparados, con el plan de operativo hecho de antemano y todos sus implementos, y que sin embargo no pudieron atrapar a 15 personas que encima les destrozaron una dependencia de la Gendarmería (agreguemos que el patrullero correspondiente llegó a dicha dependencia una vez que todos los agresores se habían ido). Grupo de policías que además baleó periodistas, agredió transeúntes y detuvo gente que no tenía nada que ver. Díganme que no soy la única que ve un patrón extraño en la situación.

Lo peor de todo esto es que nos quita de foco de lo importante: Santiago sigue sin aparecer.

Los incidentes y la represión de ayer no nos dejan pensar en lo clave y nos sumergen, como sociedad, en debates estériles sobre si era o no hippie, que militaba para el RAM o no, o si era un anarcosocialista-futurista-vegano que quería imponer la dictadura de las proteínas vegetales. ¿A quién carajo le importa eso? Estamos frente a una desaparición en democracia y eso no lo podemos permitir.

No estoy diciendo violencia sí ni violencia no. Estoy sacando la discusión de la dicotomía inexorable en la que vivimos como sociedad, que si leés Clarín sos un pedazo de gorila y apenas criticás al gobierno actual sos un pingüino acérrimx. Basta de oposiciones inútiles y falseadoras de la multiplicidad de puntos que hay en la realidad material. A lo sumo puedo decir que la peor violencia la ejerce el Estado que jura cuidarte y al menor descuido te esquilmó con un ajuste o te torturó en una comisaría oscura y húmeda.

Ésta fue mi crónica del miedo. ¿Saben qué? Le tuve más miedo a quienes se supone que me tienen que cuidar que al resto de la gente.

Pero llevamos más de un mes sin Santiago. Que todo esto sirva para algo. Que Santiago no se convierta en una incógnita que no está vivo ni muerto. No queremos a nadie más que no esté.

Aparición con vida de Santiago Maldonado, ya.

Información sobre lxs colegas detenidxs: http://pochoclocosmico.com/read/1275/detenidosporcomunicar/#

Santiago maldonado
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  • ElOso ElOso 5 Set. 2017 13:40

    Muy buena nota, sentí en carne propia lo que debe haber sido para vos caminar la marcha del viernes. Fuerte abrazo.

  • pochoclocosmico pochoclocosmico 5 Set. 2017 15:27 responde a ElOso

    Muchas gracias por tus palabras, la verdad es que entre la gente que elige descreerme porque sí, me quedo con tanta gente que eligió apoyarme.

  • EmmaC. EmmaC. 5 Set. 2017 09:38

    Hola Pochoclo, en tu nota se respira el odio que emana y no el miedo. Puede ser?

  • pochoclocosmico pochoclocosmico 5 Set. 2017 15:30 responde a EmmaC.

    Emma: ¿dónde notás el odio? Estuve asustada como jamás en mi vida y sí desprecio las prácticas de abuso de poder, como dispararle balazos de goma a gente inocente y colegas periodistas. Si bien mi impronta discursiva es fuerte, creo que más allá de mi reclamo se nota que temí en varios momentos por mi persona y por lxs demás.

  • FranciscoGarciaTuñon FranciscoGarciaTuñon 4 Set. 2017 00:24

    Ya cuando veo que escribís "todxs", "lxs", etc., dejo de leer. Es muy molesto que distorsionen la manera de escribir en base a pavadas de género. Por otro lado, es siempre el mismo cuento, policías malos contra pobres jóvenes idealistas y santos que no estaban haciendo nada malo...y por supuesto los que empezaron a tirar piedras eran "infiltrados", ya es poco creíble.

  • pochoclocosmico pochoclocosmico 5 Set. 2017 15:32 responde a FranciscoGarciaTuñon

    Francisco, en primer lugar te comento que mi blog se autoproclama feminista, al igual que yo. Me parece desacertado venir a hablar de "pavadas de género" a un espacio tal, que defiende una postura completamente opuesta. Calculo que entraste directamente a mi entrada y no leíste la introducción, así que dejame que te reponga mi postura. (1/4)

  • pochoclocosmico pochoclocosmico 5 Set. 2017 15:33 responde a FranciscoGarciaTuñon

    Soy mujer y sufro opresiones todo el tiempo, así que las "pavadas" de las que hablás nos cuestan, a mí y a tanta gente, nuestros derechos cotidianos. Que vos no lo veas porque estás en la cima de la pirámide al ser hombre cishetero es otra cuestión. Si querés debatir me encanta la idea, pero por favor hagámoslo en un ambiente de respeto (no admito que las problemáticas que abordo sean tratadas de "pavadas" porque se han cobrado vidas) y tampoco que el debate se dé en términos de necedad. En este espacio, que es mío y mantengo con mucho esfuerzo, se debate con respeto e información. Y la regla la pongo yo porque es mi espacio (además, es una regla razonable: RESPETO) (2/4)

  • pochoclocosmico pochoclocosmico 5 Set. 2017 15:35 responde a FranciscoGarciaTuñon

    En segundo lugar, el lenguaje es un sistema de signos arbitrarios y convencionales que las sociedades desarrollan para dar rienda suelta a la capacidad simbólica del hombre, pero no es estático bajo ningún punto de vista. Al ser un sistema social y convencional, es modificado según el espacio y el tiempo. Posturas puristas como la tuya y la de la RAE, que quieren poner al lenguaje en un lugar estático, desconocen su funcionamiento y su origen mismo. Por ejemplo, según esa postura, la misma conjugación argentina de los verbos es errónea porque "distorsiona" la lengua castellana. (3/4)

  • pochoclocosmico pochoclocosmico 5 Set. 2017 15:35 responde a FranciscoGarciaTuñon

    Los grupos sociales son libres de cambiar el lenguaje a su antojo según su necesidad de comunicar diferentes cosas se los pida. Vos podés hablar como quieras...y yo también. Mi conciencia me dicta respetar más las identidades ajenas que un sistema simbólico que de todas formas es variable, lo queramos o no. Y lamentablemente para tu postura, soy casi Licenciada en Ciencias de la Comunicación y conozco de sobra a Saussure y Peirce, por lo que sé perfectamente de lo que hablo. No necesito que me lo expliquen: lo estudio constantemente (4/4 y sigue).

  • pochoclocosmico pochoclocosmico 5 Set. 2017 15:36 responde a FranciscoGarciaTuñon

    Por último, yo estuve en la marcha y en la represión. Vi cada momento y di mi postura explicitando que era MI versión de los hechos, mía y parcial como todas las versiones (la objetividad periodística es un mito y no hay lugar por fuera de la ideología, vayamos haciéndonos a la idea). Si estuviste ahí vos también, me encantaría saber qué cosas viste para sostener otra hipótesis, así puedo enriquecer mi posición. Si no estuviste, disculpá, pero prefiero confiar en mis propios ojos y no en versiones mediáticas o de terceros. Tuve la suerte de presenciar las cosas y registrarlas con mi cámara, así que no me tenés que contar lo que pasó. Lo vi. Además, no comprendo cómo podrías refutarme si, según vos, dejaste de leerme al leer mi lenguaje inclusivo (sigue en el siguiente comentario).

  • pochoclocosmico pochoclocosmico 5 Set. 2017 15:37 responde a FranciscoGarciaTuñon

    Que no se malentienda: me fascina el debate con posiciones diferentes. Pero me gustaría que sean más respetuosos los argumentos a refutar, porque la verdad no da que llamen "pavadas" a una serie de hechos de tal gravedad y que suceden a diario. Y perdón por la seguidilla de comentarios, pero evidentemente éstos tienen un límite de caracteres que yo desconocía, y si no, no te podía contestar correctamente.
    Un saludo, Malena.