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El eterno reclamo

El asesinato de Anahí, las marchas, las preguntas, y una lucha que debemos renovar a diario cueste lo que cueste.
El eterno reclamo

Ante ciertos sucesos me pregunto si será una necesidad bastante idiota del ser humano buscarle la quinta pata al gato a todo. La explicación a lo incomprensible. La justificación a lo imperdonable. ¿A santo de qué vamos a ponernos a buscarle razones a lo aberrante? ¿Acaso así se reducirá el dolor?
Que si estaba obsesionada con su profesor de la secundaria, que si el padre estuvo siempre ausente, que si era luchadora de causas que no le gustan al poder hegemónico, que qué habrá hecho en los días antes de aparecer su cuerpo.
Como si las razones fuesen verdades incuestionables.
Como si alguna verdad fuese a dar presencia a la ausencia.

El punto es que Anahí Benítez ya no está.
Tenía 16 años y ya no está.
Apareció descartada como si de una cosa se tratase. Y ustedes, junto con muchos medios, quieren encontrar razones y justificar machos asesinos.

Hoy nos tocó volver a marchar con el dolor atravesado en el pecho, en la garganta, como cada vez que salimos a gritar “¡Ni Una Menos!” sabiendo que cada vez que lo gritamos es porque alguna nos falta.
Marchamos desde Lima y Avenida de Mayo hasta el Congreso Nacional entre lxs compañerxs de secundaria de Anahí, familiares, conocidxs, y ciudadanxs de a pie hartxs de la masacre femicida.
Fue una de las marchas más tristes que vi. Gente llorando abrazadx, gritos que morían en las gargantas cortadas por nudos de tristeza inconcebible, bronca que no lograba otra vía de escape que los bombos y los cantos.
Pero hoy no pude cantar. Dije dos frases y la angustia me ató las cuerdas vocales. Me ardieron las lágrimas en los ojos y sentí el cansancio de las causas justas que nadie escucha, el dolor de luchar por lo que es justo pero inconveniente al poder.
Es que cada vez cuesta más y más salir a reclamar por lo mismo, sabiendo que quienes te acompañan en la lucha se mueren a manos del patriarcado. Cuesta entonar los mismos gritos y ver los mismos carteles sin que las cosas cambien. Duele que cambien los rostros de las víctimas en los carteles y aumenten los victimarios sueltos. Cansa estar a merced de la negligencia y la complicidad de un Estado que es tan femicida como los autores materiales de todos esos crímenes.
Para colmo de males hay que tolerar que los machitos soberbios invadan nuestros espacios con su pretensión de mando y aguantar a la gente que hace comentarios desagradables en son de provocar. Pero, ¿saben qué? No les pienso dar entidad hablando más de ellos, porque el punto central de esta especie de crónica de la angustia no son ellos.

El punto es que nos mataron a Anahí. Que Nadia no aparece. Que María Cash, Marita Verón, Érica Soriano, y todos los nombres de las robadas nos duelen en el alma como un eterno reclamo que no sabemos si veremos cumplirse.
El punto es que las que estamos ahí nos preguntamos qué pasará con ellas, con nosotras, con todas, con todxs.
Que el Estado no hace nada y se regodea en darle impunidad a los violentos mientras pretende condenar a personas como Belén e Higui, completamente inocentes pero culpables de ser mujeres y pobres en un sistema patriarcal y clasista. El punto es que el Estado femicida no se confoma con dejar libres a violadores, sino que además es una máquina de revictimizar y culpabilizar a las víctimas en lugar de contenerlas.
El punto es que nosotras gritamos, pero parece que nadie nos escucha.

Pero seguiremos gritándole al vacío; ni piensen que nos vamos a callar. Seguiremos saliendo a copar las calles cada vez que haga falta aunque dejemos pedazos de alma en cada marcha, aunque la angustia no nos deje cantar y el llanto nos ponga temblorosas las piernas. Aunque pasen los años y el eterno reclamo no cambie nunca, no vamos a rendirnos porque tenemos razón.
Aunque sea denigrante tener que salir a pelear por algo tan básico como el derecho a la vida y a la integridad física (porque parece que hay gente que todavía NO entiende que somos seres humanos con derechos fundamentales y no cosas descartables).
Aunque nos quieran meter miedo y nos amenacen. Aunque nos repriman y nos insulten, aunque se burlen en nuestra cara.

Por Anahí, por Candela, por Micaela, por Melina, por Ángeles, por Marita, por Érica, por María, por Wanda, por todas.
Seguiremos gritando el eterno reclamo porque se lo debemos a las que ya no están, a nosotras mismas, y a las que vendrán.
Somos muchas, y ya no les tenemos miedo.
Somos muchas, y tenemos razón.

Femicidio

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  • Sofia Sofia 7 Ago. 2017 01:24

    #NiUnaMenos!! VAMOSS!