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Fotoperiodismo en clave de género

Un debate que comunicadores y reporterxs gráficos nos debíamos hace mucho empieza a dar sus primeros pasos.
Fotoperiodismo en clave de género

¿Cuántas veces escuchamos que el fotoperiodismo se murió?
¿Que hoy en día, con los celulares que sacan fotos en HD, nadie necesita que haya reporteros especializados?
El principal problema con la valoración del fotoperiodismo en la actualidad es que se considera a la fotografía como un accesorio prescindible de la noticia, que no influye en su construcción ni aporta elementos significantes. Un elemento paratextual que no aporta más que una mera ilustración al tema.
Craso error.

Dentro de la temática de género, la fotografía como elemento significante cobra un peso enorme que no siempre es acompañado con la responsabilidad en el uso. La elección de las imágenes que complementan una noticia de violencia de género no es inocente: la fotografía también construye la noticia, cimienta el sentido y refuerza los mensajes que se encuentran en el texto periodístico.
En este sentido, y ante fenómenos gravísimos como la precarización laboral que enfrentan lxs periodistas y fotoperiodistas y la proliferación de femicidios y episodios de misoginia, se vuelve clave abrir el debate sobre la responsabilidad de lxs periodistas, lxs fotorreporterxs y lxs editores en el uso de las fotografías que se utilizan en estos casos.

El sábado a las 18 se llevó a cabo, en el marco de la 28° Muestra Anual de Fotoperiodismo Argentino de la Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina (ARGRA), la mesa debate “El abordaje de la violencia contra las mujeres en el Fotoperiodismo”. Como panelistas disertaron Alika Kinan, sobreviviente del delito de trata con fines de explotación sexual y la primera víctima en querellar al Estado (y ganarle); Sibila Camps, periodista y escritora de investigación; Lucía Merle, fotoperiodista y editora de fotografía del diario Clarín; y Eva Cabrera, fotoperiodista y vicepresidente de ARGRA.
La charla se extendió por más de una hora y media, y se debatió acerca del rol del fotoperiodismo en el tratamiento de las noticias de violencia de género, las responsabilidades de los actores involucrados y las posibilidades que se abren para un uso responsable de la imagen y su poder de significación en este campo.

La verdad es que la charla (cuyo audio crudo está en mi poder) es un poderoso disparador de muchísimas temáticas interesantes, que trataré de ir abordando en artículos sucesivos, porque pretender tocarlos todos en uno solo sería perderse de muchísimas aristas importantes.
El resumen más jugoso que puede hacerse no es a partir del contenido sino del hecho en sí. Repitamos: un grupo de periodistas, fotoperiodistas y colegas de la comunicación en general nos dimos cita sin más motivo que debatir un aspecto clave de nuestra profesión, como lo es la responsabilidad ante los mensajes que emitimos y las formas que elegimos para comunicar. Con total respeto, con personalidades que guiaron la charla pero que luego abrieron el juego a todx quien quisiera hablar del tema o emitir una opinión, fundamentando las posturas planteadas y sin dinero de por medio. Por puro amor a la profesión y ganas de mejorar.
La pregunta clave se resume en una frase textual de Lucía: “¿Somos impunes porque llevamos una cámara colgada y trabajamos para un medio?”
Lxs presentes podemos responder, casi al unísono, que no. Y que no queremos ser impunes tampoco sino ayudar a mejorar un poco las cosas. Con la impunidad de los machos femicidas ya tenemos bastante trago amargo.

Ni el fotoperiodismo, ni la pasión por informar, ni el debate por la profesión están muertos. Quienes lo dicen, evidentemente, pecan de no saber buscar.
La búsqueda de una nueva manera de significar a través de la imagen, de un nuevo régimen de visibilidad para retratar la violencia de género, es una responsabilidad colectiva como sociedad, porque ningún medio publicaría lo que sus lectores no consumen. Sin embargo, lxs primerxs en reconocer nuestra responsabilidad somos quienes tenemos un rol activo de comunicadores y nos ponemos en el lugar de mediar entre el hecho y la sociedad.
Quienes comunicamos tenemos la chance de educarnos para construir la noticia de otra manera, y eso implica NECESARIAMENTE revisar de qué manera mostramos la violencia machista y para qué la mostramos. En otras palabras, implica empaparse de la perspectiva de género para poder dar a la noticia una construcción global.

La misión es generar un nuevo régimen de visibilidad que permita mostrar a las víctimas sin morbo y a los machos como los violentos que son.
La fotografía es parte fundamental de la construcción de la noticia. Tomar conciencia sobre la responsabilidad en su uso y la necesidad de cambiar el régimen de visibilidad vigente nos pone en camino hacia un periodismo menos inescrupuloso y más humano.

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