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El cromosoma de la verdad

De cómo los hombres pretenden explicarme todo lo que ya sé, porque ellos lo saben mejor. Una actitud micromachista constante y molesta.

Suele hablarse de machismo con las grandes demostraciones de opresión del hombre cishetero (es decir, que se identifica con el género asignado al nacer y es heterosexual): femicidios, violencia doméstica, marcas visibles, cosas tangibles. Suele hablarse de machismo cuando éste se escribe con sangre.

Pero a veces no se repara en que el peor machismo es el que no se ve, el naturalizado, el que verdaderamente corroe las venas de la sociedad. El machismo cotidiano que hay que soportar y que suele ganarte el mote de loca histérica cuando marcás que eso es machismo.

Bienvenidos al mundo de lo micro, a lo minúsculo, al mundo celular de la opresión machista. El micromachismo, la agresión internalizada, el machismo que no vemos, ése también se escribe con sangre.

Harta estoy de tener que explicar que el acoso callejero es machismo y que NO, no tengo ganas de escuchar que me quedan bien las calzas; no me las puse para vos, me las puse porque son cómodas y porque se me canta, no quiero escuchar tus comentarios asquerosos que quieren reafirmar tu poder de macho. Así que no voy a hablar de acoso callejero (bueno, no voy a hablar hoy, al menos hasta que vuelvan a gritarme en la calle, me enoje y escriba al respecto).

Hoy tengo ganas de hablar del famoso “mansplaining”. Como verán se trata de un término anglosajón que combina las palabras man (hombre) con explaining (explicando), dando nacimiento a hombrexplicando o machoexplicar, que no suena tan rimbombante pero en esencia es lo mismo.

Hablamos de mansplaining cuando un hombre, cishetero generalmente y desde su postura de poder, pretende explicarle a una mujer algo que ella ya sabe, y que sabe más y mejor, de manera paternalista y condescendiente. Como si quisiera explicarle a un niño pequeño porque es ignorante y debe aprender. Sólo que su interlocutora suele tener bastante idea del tema y ya tiene bastantes ganas de tirarse abajo del 60 porque no soporta más este tipo de discursos despectivos.

Cuando un hombre se pone a mansplainear (la conjugación es mía y es espantosa, lo sé), lo que hace es asumir que porque es hombre cishetero sabe más que la persona que tiene delante sólo porque ésta es mujer y como tal sólo sabe si Mr. Músculo limpia más que Cif o viceversa. Entonces pretende darle cátedra de cosas que ella ya sabe y que encima sabe mejor porque las ha estudiado, y lo único que logra es hacer alarde de una peligrosa combinación de ignorancia y pedantería. Pero claro, identificarte como sujeto femenino anula todos tus conocimientos académicos y te devuelve a un estado de primitivismo neanderthal absoluto.

Si bien el término es un neologismo y no se sabe a ciencia cierta de dónde salió, Rebecca Solnit lo analiza en su libro “Man explain me things” (“Los hombres me explican cosas”) y suele atribuírsele, si no su creación, al menos su difusión. De hecho, le sucedió justamente que un hombre quiso mansplainearla sobre su propio libro, por lo que se decidió a escribir el ensayo y ahondar en la cuestión.

Según estudios de Solnit y otrxs, el mansplaining conlleva una mezcla muy grande de comportamientos que comparten el denominador común del desprecio de quien habla hacia su interlocutora por el hecho de ser mujer. Es decir, que el hablante supone de entrada que existe una diferencia de saberes inherente entre el hombre y la mujer donde ésta siempre está en desventaja y debe ser educada por el hombre culto y formado. Retomando lo que puse antes, es una forma de monopolizar la conversación en la que el hombre quiere jactarse de saber más que la mujer y despliega toda su confianza de macho y su pedantería en un intento de reafirmar su poder dominante.

Las consecuencias del mansplaining no solo incluyen el generar una urgencia de taparse los oídos con cualquier cosa que se tenga a mano, sino fenómenos menos graciosos y más graves. El mansplaining genera que las opiniones de las mujeres sean infravaloradas sistemáticamente y que siempre necesiten validación y respaldo de una voz masculina para ser tenidas en cuenta, tanto en el ámbito laboral como en variadas esferas sociales. Como efecto encadenado, las mujeres son disuadidas de expresar sus pensamientos públicamente e incitadas al constante autocuestionamiento de las opiniones propias. Mujer callada, mujer bonita porque sabe su lugar. Y no me refiero a la cocina: me refiero a la sombra del hombre.

No quiero ser autorreferencial pero es difícil no serlo cuando estás bastante podrida de que los hombres pretendan explicarte cosas que no entienden y vos sí. No quiero tener que aburrirlos con mi biografía pero los ejemplos concretos sirven y los más verídicos que tengo son los propios.

Recuerdo, durante mi ejercicio del periodismo asiduo, que uno de mis compañeros solía mansplainearme bastante sobre cosas que yo sabía mejor que él, no porque yo sea ninguna Einstein sino porque ACABABA DE ESTUDIARLAS, literalmente, para una materia de la facultad. Y porque, a diferencia de él, yo sí era estudiante de Comunicación. Pero claro, él TENÍA que tener razón porque él lo decía, y porque "nena, no, esto no es así, googlealo y fijate". De más está decir que cuando lo busqué tenía razón yo. De disculpas ni hablemos. Eso es lo único que los hombres machistas no pueden explicar, porque no lo conocen. Errar se escribe en femenino, indefectiblemente en femenino.

No hace mucho me sucedió que un hombre pretendió explicarme algo y, como me suele pasar, me cansé y dejé que decidiera lo que se le antojaba. Resulta que hizo lo que su conciencia le mandaba y la pifió feo. Pero claro, que yo no sé del tema, que yo no sé más que cocinar (encima NO sé cocinar). Que el hecho de que sea estudiante, bastante epistemófila y autodidacta no me salva de la maldición de tener un útero que se chupa todo mi conocimiento y me deja boba. Tábula rasa para el conocimiento del macho explicador sabelotodo.

Mujer bonita, mujer sumisa, mujer callada que se deja adoctrinar.

¿Por qué el mansplaining es una expresión de opresión sexista y no simplemente resultado de actos individuales de pedantería? Porque se sustenta en la diferencia de géneros para profundizarla y cimentar la visión de que las mujeres somos naturalmente más ignorantes que los hombres. Este mecanismo perverso de desprestigiar constantemente la opinión de las mujeres genera que luego se dude, por ejemplo, de sus testimonios de maltrato y violencia de género y se ande preguntando que si no sabía ella que esa pollera tan corta era provocativa. A que no les parece tan gracioso ahora, ¿no?

El mansplaining también tiene su carga de sangre. Los hombres pretenden explicarnos cómo es la violencia de género, definir qué es una violación, definir qué podemos y qué no podemos hacer con nuestros cuerpos y por qué, como si supiesen mejor que nosotras lo que nos conviene y lo que necesitamos. El mansplaining termina de desvalorizar nuestras voces para efectivizar la predominancia del discurso masculino en la esfera pública.

Las mujeres siempre terminamos explicando, argumentando, y justificando nuestras opiniones y experiencias por partida doble, porque nuestro recorrido es más arduo. Como si haber nacido con dos cromosomas X nos hiciera menos dignas de reconocimiento y con el cerebro de un avestruz.

Como si el cromosoma Y fuese el cromosoma de la verdad.

#feminismo
#mujer
#Opinión
#machismo

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